PALABRAS QUEMADAS | Ed.15

PRUEBA ROTA

Escrito por Alexis Candia
Categoría: Palabras Quemadas 16 Creado: Viernes, 12 Enero 2018 07:23

Al principio tuve problemas con Alejandro Zambra. No me refiero al ser humano, claro está, sino a su propuesta narrativa. Con Zambra compartí solo una vez en mi vida. Fue en una cena. Me pareció un tipo inteligente y amable. Un buen fumador. De hecho, recuerdo que como éramos los únicos fumadores de la cena compartimos, inevitablemente, algunos cigarros en las afueras del restaurant. Pero, retomando el tema, lo cierto es que no enganché con sus primeras novelas. Tal vez porque las huellas del poeta todavía estaban demasiado presentes, Bonsái y La vida privada de los árboles me parecieron esbozos que no acababan de desarrollarse.

Esta visión comenzó a cambiar, primero, con Formas de volver a casa y, luego, con Mis documentos. La madurez creativa de Zambra le permitió facturar dos textos de un nivel superior. En Formas de volver a casa Zambra traza un arco temporal marcado por el corte de dos terremotos, es decir, el de 1986 y el de 2010, para narrar la historia de dos personajes, Aladino y Claudia, que muestran paralelamente la tragedia y la desidia de Chile. Empleando la metaficción y la autificción como estrategias permanentes, Zambra construye un relato que ilumina la vida de chilenos que viven en Maipú pero que bien podrían estar en La Florida, Concepción o Valparaíso.

Creo, además, que hay párrafos o frases que tienen el poder de conectar al autor y al lector. En mi caso, hay un párrafo que marca un antes y un después en mi relación con los textos de Zambra. Principalmente, porque comparto las afinidades y las aversiones que se evidencian en el siguiente fragmento:

Entonces yo estaba y siempre he estado y siempre estaré a favor de Colo-Colo. En cuanto a Pinochet, para mí era un personaje de la televisión que conducía un programa, sin horario fijo, y lo odiaba por eso, por las aburridas cadenas nacionales que interrumpían la programación en las mejores partes. Tiempo después lo odié por hijo de puta, por asesino (20-21)

Ignoro si Zambra comulga o no con esas aseveraciones. Tampoco importa. Sin embargo, se trata de un texto en el que el discurso del narrador tiene eco en mi forma de ver y pensar el mundo.

Mis documentos es una extensión natural de Formas de volver a casa. Zambra parece representar en este texto el mismo espacio narrativo, las falencias y necesidades, los amores y desamores de la generación que vive su juventud en la década de 1990. Si bien es un texto que me gustó y que me parece valioso reitera ciertas fórmulas ya trabajadas previamente. Aunque la repetición de fórmulas es una constante en ciertos escritores, creía que Mis documentos quebrarían mis expectativas[i]. Algo que, en efecto, no sucedió.

Facsímil[ii] quiebra o, más bien, bifurca la trayectoria literaria de Zambra, configurándose como una amalgama delicada que bien podría transformarse en una nueva ruta o en un callejón sin salida. Aquí, Zambra patea el tablero para generar su propuesta más vanguardista y creativa.

Ciertamente, resulta paradójico que el trabajo más innovador de Zambra emplee como base un formato altamente estandarizado que apuntaba a determinar las habilidades de los alumnos frente a su hipotético paso a la educación superior. Zambra utiliza, para esto, el formato de la Prueba de Aptitud Verbal de 1993, esto es, el mismo formato que tuvo que enfrentar para ingresar a la universidad y que implicaba responder 90 preguntas en 2 horas y 15 minutos que trazaban, inexorablemente, el destino de los postulantes. No había posibilidad de interpretación, crítica o discusión en la PAA, dado que el procedimiento de selección múltiple solo admitía una respuesta correcta. Asimismo, desincentivaba la especulación al descontar una pregunta buena por cada cuatro malas.

Ahora bien, la descripción de la PAA esconde lo que esta significó para generaciones de jóvenes que, al final del periodo escolar, debían enfrentar al “minotauro” para salir del laberinto. Ciertamente, ese laberinto no es el mismo de hoy. No solo había una oferta académica más restringida sino, sobre todo, menores posibilidades de acceder a financiamiento. De hecho, el Crédito Solidario era la única alternativa que permitía a los sectores medios y bajos acceder a la educación superior, educación que ya se había transformado en la “llave mágica” para ascender en la pirámide social. Dicho esto, es claro que se trató de una prueba que generaba angustia e, incluso, miedo en miles de postulantes.

Ahora bien, en el caso de Zambra existen condiciones singulares. Como alumno del Instituto Nacional[iii] y, tal como indica un profesor que aparece en Facsímil, Zambra no fue educado sino entrenado para superar la PAA. Y, por ende, tenía el deber de escapar del “baile de los que sobran” en el que quedarían las grandes masas de estudiantes chilenos. La gloria o la vergüenza estaban definidas, en buena medida, por los resultados de la PAA. El futuro también.

Facsímil desacraliza, entonces, un artefacto de control y subordinación. Para ello, utiliza una serie de estrategias que lo llevan a burlarse, reírse y jugar con el terror que, en un pasado muy muy lejano, representó la prueba estandarizada. Así, por ejemplo, construye preguntas que tienen todas o ninguna alternativa correcta e incluso preguntas que rompen con el sentido de la prueba, como sucede, por ejemplo, con la 32, perteneciente a la sección “Plan de Redacción”, la que implicaba marcar la alternativa que mostrará el “orden más adecuado para constituir un buen esquema o plan de redacción” (23):

32. Una patada en los cocos

1. Piensas en todas las personas, vivas o muertas, cercanas o distantes, chilenas o extranjeras, hombres o mujeres, que tienen motivos para pegarte una patada en los cocos.

2. Piensas si mereces una patada en los cocos.

3. Piensas si mereces que alguien te odie. Piensas si alguien realmente te odia.

4. Piensas si odias a alguien. Piensas si odias a las personas que te odian.

5. El insomnio te lastima y te acompaña.

A)    1-1-1-1-1

B)    2-2-2-2-2

C)    3-3-3-3-3

D)    4-4-4-4-4

E)     5-5-5-5-5

Otros ejercicios constituyen verdaderos poemas, tal como acaece con la pregunta 36, titulado “Cicatrices”, pregunta que comienza con un verso de iluminadora dureza: “Piensas que la distancia menor entre dos puntos es el trazo de un cicatriz” (31). El ejercicio 64 constituye el punto más alto del libro. Zambra constituye un sombrío relato acerca del peso y del costo de ser el hijo de Manuel Contreras. El vástago enfrenta la imposibilidad de librarse del mal: “Debo decir que mi padre es inocente. Debo decirlo. Tengo que decirlo. Estoy obligado a decirlo. Mi padre me va a matar si no digo que es inocente. Los hijos de asesinos no podemos matar al padre” (57). La última aseveración de Manuel Contreras evidencia la impotencia absoluta: no es capaz de convertirse en sujeto.

“Comprensión de Lectura” cierra en alto el libro al incluir tres cuentos que revelan el ingreso a la adultez: la PAA, el Matrimonio (+ divorcio + anulación) y la paternidad. A partir de esta triada, Zambra parece representar el cruce de una etapa a otra. El texto N°3 es el que más me gusta del conjunto. Principalmente, porque el narrador expone descarnadamente los sentimientos y las reflexiones que implican el nacimiento y la crianza del primer hijo.

A pesar de que en ciertos momentos el padre actúa como todo un cabrón, dueño de un egoísmo propio de una generación en extremo individualista, como cuando emplea la sentencia popular: “para qué traer hijos a un mundo de mierda” (96) o cuando dice “queríamos ser hijos sin hijos” (96); el relato muestra su crecimiento hasta el punto de asumir que su vida adquiere relevancia en la medida que debe sostener otra vida: “la primera consecuencia de tu nacimiento fue que a partir de entonces ya no podía matarme” (95) y luego le cuenta a su hijo que desea que sepa que estará ahí para él: “alargando una y otra vez la película absurda de la vida” (99).

Ambas aseveraciones permiten apreciar el crecimiento de una generación que, tras más de 20 años de haber rendido la PAA, ha llegado a la mitad del camino, con mayor o menor éxito, y por fin, puede reírse de una prueba que no solo terminó por desaparecer sino que hoy no representa más que un mal recuerdo, útil, en cualquier caso, para chiste de fin de semana, ya sea por el amigo que fue a dar la prueba borracho o al que usó un torpedo o al que jugó las alternativas al azar y quedó en la carrera de sus sueños.

Zambra se permite sonreír a costa de un cuco que, con el paso de los años, desaparece en el ropero de nuestra imaginación.


Bibliografía

Zambra, Alejandro. Formas de volver a casa. Barcelona: Anagrama, 2011.

------------. Mis documentos. Barcelona: Anagrama, 2014.

------------. Facsímil.  Santiago: Hueders, 2014

Notas

[i] No solo los malos escritores replican sus estrategias literarias, como sucede, por ejemplo, con los best sellers, existen buenos escritores que operan de esa forma, debido a que tienen un estilo muy pesado o porque apuntan a escribir un libro único.  Jorge Teillier es un buen ejemplo en ese sentido.

[ii] La portada elegida por Hueders representa todo lo que fue una prueba transparente y aburrida. No sé si colaboró en la venta de libros (¡lo dudo mucho!) pero sí sé que fue elegida de manera inteligente para simbolizar un fantasma del pasado.

[iii] Por extensión, se podrían considerar los alumnos de los colegios emblemáticos, tales como el Liceo José Victorino Lastarria, el Liceo de Aplicación, el Liceo 1 o 7, solo por nombrar los metropolitanos. 

 

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