PALABRAS QUEMADAS | Ed.17

Ella tiene… identidad cinematográfica

Escrito por Daniela Pinto
Categoría: Palabras Quemadas 17 Creado: Sábado, 17 Marzo 2018 07:23

Una fiesta llena de brillo, sudor, coreografías y alcohol. Cientos de personajes decadentes que tras la apariencia eufórica de la fiesta esconden una realidad formada por sus inconsistentes e insustanciales relaciones afectuosas. En la escena, los personajes forman dos filas para mover su cuerpo al compás de “la colita” y seguir incendiando el ambiente con sus contorneos. Pero, de pronto, todo se detiene y un Jep Gambardella aparece en el centro, inmóvil, presentándonos esa deprimente raza humana que en cámara lenta recorre la mirada del espectador. Esta es una de las partes que más me conmovió de la película La gran belleza (2013) de Paolo Sorrentino.

Es la alusión a esta escena en particular la que me recordó Marina Vidal cuando llega a la discoteque para enajenarse del mundo y de la vida con su brillante traje, sus lentejuelas lilas y la coreografía que, en unos de los nudos más sobresalientes de la película Una mujer fantástica, me sorprende por su gran parecido con el film italiano, no solo por la idea del baile, sino también por la noción de identidad.

En el caso de la película dirigida por Sebastián Lelio, el tema de la identidad se representa a través de la historia de Marina Vidal (Daniela Vega), una mujer transexual, cantante y pareja de Orlando (Francisco Reyes), un hombre veinte años mayor que ella, Esta mujer, quien luego de cambios sustanciales en su vida, emprender el camino hacia el reconocimiento de su identidad y la dignificación como persona. Todo va bien, hasta que Orlando muere, la familia desea recuperar los bienes del difunto, caen sospechas sobre Marina, y no desean que ella viva el duelo de la muerte de su amante. Lógicamente, los acontecimientos llevan a la protagonista a luchar por su dignidad, estableciendo la batalla por la identidad en un país como este, nuestro Chile querido.

Para Leonor Arfuch, la noción de identidad es en sí misma problemática puesto que:

Si la redefinición actual de las identidades en términos no esencialistas lleva a considerarlas no como una sumatoria de atributos diferenciales y permanente, sino como una posicionalidad relacional, confluencia de discursos donde se actualizan diversas posiciones de sujeto no susceptibles de ser fijadas más que temporariamente ni reductibles a unos pocos significantes ‘claves’, esa fluidez identitaria se transforma de inmediato en un objeto polémico, sobre todo en la esfera de la acción: ¿cómo articular lo que permanece y lo que cambia, cómo formular, en tales condiciones, un proyecto político, cómo afirmar la consistencia de un ‘yo’ o un ‘nosotros’? (Arfuch 32).

Estas identidades en constante construcción que intentan unificar la individualidad y la otredad en un mismo ser, son las que nos muestra Una mujer fantástica. Pero, de una manera distinta a la noción de identidad utilizada por Pedro Lemebel. Aquí no existe una victimización de un sujeto trans proletario y poblacional, sino más bien la caracterización de un ser que grita su feminidad en la cara del sistema social de una forma directa y pausada. No existen grandes enfrentamientos, la violencia directa, estructural y cultural (Galtung) se percibe en algunos aspectos que, por lo demás, no pueden ser comparados con aquellos sufrimientos que las locas o los personajes de Lemebel experimentan en su cotidianidad. Esto, porque lo que gatilla el hecho violento en la vida de Marina es la muerte de Orlando: antes eran pareja, antes vivían juntos, antes ella tenía y aún tiene una prometedora carrera como solista. Las circunstancias son distintas, no obstante, la pregunta de Arfuch ronda la complejidad de la imagen del sujeto trans al tener que descubrirse. ¿En qué sentido, yo, Daniela Pinto, me “descubro” como mujer? ¿Es necesario colocar un espejo cubriendo mi vagina para poder saber quién soy? No. Ese es el problema de la identidad que el sistema nos ha inculcado. Estamos insertos en él, es difícil escapar. El problema es que no cuestionamos nuestra identidad, la asumimos. Algo que, por supuesto sí hace la mujer fantástica. La violencia real está en tener que “revelar” y “descubrir” la identidad, como si esta fuera inherente a nuestra naturaleza y solo esperara a que develemos su verdad. El problema radica en asumir lo que se construye:

El género es una complejidad cuya totalidad se posterga de manera permanente, nunca aparece completa en una determinada coyuntura en el tiempo. Así, una coalición abierta creará identidades que alternadamente se instauren y se abandonen en función de los objetivos del momento; se tratará de un conjunto abierto que permita múltiples coincidencias y discrepancias sin obediencia a un telos normativo de definición cerrada (Butler 70).

Así, tanto la identidad como su representación en el film nacional, se pueden comprender como una figuración de prejuicios, estereotipos y rigidez sistémica que altera el orden impuesto, no solo por el cine nacional, también por los espectadores y la sociedad. Finalmente, Gambardella y Vidal comparten un secreto: el ser uno entre otros.


Bibliografía

Arfuch, Leonor. Identidades, sujetos y subjetividades. Buenos Aires: Prometeo Libro, 2005.
Butler, Judith. El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Barcelona: Paidós Ibérica, 2007.
Galtung, Johan. Violencia cultural. Bilbao: Guernika Gogoratuz, 2003.
Una mujer fantástica. dir. Sebastián Lelio. 2017. Película.
La gran belleza. dir. Paolo Sorrentino. 2013. Película.
Pedro Lemebel. Poco hombre. Crónicas escogidas. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2013 

Revista Digital Estación de la Palabra | Ed. 17

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